Las flores me han despertado y mi corazón late como el aire puro, blanco y decidido.
Sin silencios que romper, mi amor yo te brindaré.
Con vida mis palabras cobijarán tu razón.
Se mis océanos y quiero ser ese pez que recorra tu cuerpo en movimiento, cálido y agobiante.
Protegeré tu alma con mis brazos, el acero que cubrirá tu cuerpo toda la eternidad.
Volaré entre montañas, en busca de tu palabras de amores, sabores.
Querida alma, damisela y casta.
¡Oh! mi Amada Elizabeth, tu eres mi infierno, sufro por no verte frente el brillo de tus ojos cristalinos.
Quemaré todo aquel que intente hacerte daño.
Suaves risos dorados de la hermosa mujer que calla mis obscuros pensamientos.
Resplandece con tu dulzura mi corazón y toca la flauta de mi muerte con un solo de ausencia carnal.
Me encuentro drogado por tu aroma, embriagado de tu presencia y harto de que no estés aquí.
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