viernes, 18 de mayo de 2012

El carpintero.


Era una mañana de verano y los pajarillos cantaban sin parar, los arboles disfrutaban del  gran y frondoso calor que el tiempo les brindaba.
Ron, como el alcohol, era un joven señor carpintero, vivía sólo abajo del gran árbol del bosque Verdi .
El compraba de la mejor madera importada del reino Roji, una madera exquisita, una madera única. Cada mañana, le llegaba un encargo especial, un encargo de las tablas Vinú, unas tablas que solo se conseguían en las alturas de la montaña de la ciudadela de Roji.
Con esas tablas construía un barco que aguantaba las pesadas y duras aguas del reino Azuli, un reino donde vivían los hombres PES, los hombres PES podía respirar fuera del agua con ayuda de la piedra del AYR, claro, del reino de los cielos.
El reino de los cielos, era único, era el “REYno” de toda la tierra.
Cada reino, cada lugar estaba protegido por una piedra que cuidaba de los hombres, de su gente.
Entonces, Ron, siempre tenía arduo trabajo con la madera especial, los barcos eran vendidos a mercaderes, gente que vendía cristal precioso de cada uno de los reinos de la región, cristales únicos, por qué cada uno era cortado diferente.
Ron, tenía la piedra conmemorativa del gran árbol, la piedra que daba vida a la región.
Un día, un mercader, tocó su puerta, el mercader tenía pinta de buena gente, pinta de sinceridad en todo su contexto, en sus palabras, en su mirada.
Ron y desconfianza le hizo pensar que no.
El mercader iba con una única y extraña pregunta… ¿Usted tiene la piedra Verdi?.
¿Por qué preguntar por algo raro y que solo la gente mencionaba ocasionalmente? No lo entendía.
-No, solo vivo aquí, solo, sin nadie y sin nada más que madera, me extraña que un hombre que no había visto por los alrededores me pregunte sobre una piedra… ¿Verdi?, me dijo?, como el pueblo?
-Sí joven carpintero, sí, es una reliquia, la he buscado por generaciones, por el tiempo. He sido enviado para protegerla.
-Un mercader?
-No soy un mercader, este es mi disfraz.
-Aaah, bueno, como ya le he dicho, no sé nada acerca de “la reliquia”.
Y Ron, le cerró la puerta, no por mala gente, por miedo, por miedo a regalar algo que no es de él, que es de todos, algo que podía haber dado por “insignificancia”, algo que pudo haberlo salvado la vida, si todo fuera cierto.
Y fue entonces donde su puerta empezó a calcinarse, a arder en los mares de fuego, Ron corrió con piedra en mano y su árbol comenzó a brotar el más denso humo del intenso calor. La piedra fue la única brillante y la mirada perdida de Ron, moría en fuego.

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